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El Pastor Alemán Lo que no debes hacer cuando pasees a tu perro
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¡No te preocupes, no hace nada!", me gritó, sonriente, desde el otro lado del parque, el dueño del pastor alemán que se dirigía hacia mí a la velocidad de la luz, con un brillo asesino en sus ojos, enseñando los colmillos y echando saliva. Venía hacia mi propio mimado can, correctamente restringido con su correa.

No era la primera vez que me pasaba, y no será la última, pero yo iba preparada para perros agresivos sueltos y sus dueños tarugos.

Cuando el pastor alemán se aproximó lo suficiente, le apliqué una buena dosis de levanta-vacas, un simpático aparato ganadero que da toques eléctricos, diseñado para animar a la más letárgica res.

Entre alarmado y enojado, el dueño del can lo contempló batirse en ruidosa retirada, aullando de susto.

"¡No te preocupes, no hace nada!", le grité, sonriente.

Las formas en que el ser humano agrede a su prójimo a través de los perros son múltiples, y nuestra sociedad, que apenas logra castigar a los delincuentes mayores, no parece contar con la voluntad de controlar a los dueños de mascotas.

El humano, haciendo gala de la inactividad de su neocorteza, no se molesta en acostumbrar a su perro a interactuar con niños, extraños, invitados, y hasta miembros de la familia. No se documenta mediante libros ni veterinarios sobre la vida sicológica del perro, no se informa acerca de cuáles razas son buenas para cuáles tipos de dueños, usos o espacios, no se molesta en saber si la raza es dócil, terca, atlética, apacible, o si requiere de un entrenamiento especialmente esmerado para que no sea un peligro para los demás. El perro ha vivido con el humano durante miles de años, pero parece que el perro ha aprendido más que su dueño acerca de la convivencia.

La gente tiene la muy antropomorfizada noción de que los perros requieren una vida sexual o la maternidad para ser "felices" o "normales", idea que cualquier veterinario digno del título puede desmentir. El resultado es una plaga espantosa de cachorros de crianza irresponsable, portadores de todos los males genéticos característicos de la reproducción masiva y descuidada que degenera las razas.

El resultado también son cientos de miles de perros abandonados, sacrificados, encerrados solos en jardines o sobre tejados, sueltos en la calle. Las familias adquieren cachorros "divinos" que a la larga no saben entrenar, controlar, amar ni cuidar. Compran perritos "para los niños", pero no saben enseñar a los hijos a cuidarlos adecuadamente, y la persona que probablemente no quería la responsabilidad del perro -la ama de casa- es la que acaba teniendo que encargarse de él.

Santa Catarina parece ser el primer municipio que contempla algún control para los perros mascotas, y San Pedro prohíbe que los dueños dejen el excremento canino en parques públicos. Un inicio modesto, tal vez, pero un inicio loable.

Todos los municipios deberían tener un conjunto de leyes normando la posesión y manejo de los perros. Pasear el perro sin correa o soltarlo a que ande solo en la calle y permitir que ladre sin cesar son dos formas comunes en que los dueños insensatos agreden a sus prójimos.

Diariamente que saco a mi amigo peludo para ejercitarlo encuentro perros sueltos con o sin dueño presente. En varias ocasiones, mi perro y yo hemos sido blancos de ataques de perros vecinos que se escapan de sus jardines en momentos de descuido de parte de los dueños o los empleados domésticos. En un caso fue necesario solicitar la intervención de la fuerza pública después del cuarto ataque.

Por no mencionar los terroríficos casos de niños lesionados horriblemente por perros que no debieron estar vivos en primer lugar, resultados de la crianza ignorante a manos de personas agresivas y criminalmente negligentes. Algunos de estos canes son usados para las peleas de perros, una actividad ilegal y cruenta en extremo. En alguna ocasión, un curioso me preguntó acerca de la raza del perro que yo paseaba, y luego se explayó sobre su propia mascota, "un campeón desde el abuelo". Caí en cuenta de que no se refería a exposiciones de perros, sino a las peleas. Y el orgulloso dueño de semejante "campeón" resultó ser un policía de San Pedro. Bonito ejemplo.

Las calles no son llanuras y los perros no son lobos ni chacales. Es urgente una medida legal para obligar a los dueños a restringir sus perros y pasearlos con correa. La gente responsable ya lo hace de rutina.

Pero la restricción del perro es sólo una parte del problema.

Los perros defienden el área donde viven; los que viven en el jardín ladran ante cualquier ruido que interpreten como amenazante, para "avisar" a los demás que algo se aproxima. Desafortunadamente para los vecinos, su área de rastreo se extiende mucho más allá del jardín inmediato, y los ladridos se disparan con el ruido de un vehículo, otro perro que pasa, peatones, la tos del vecino, o porque voló la mosca. Muchísimos vecinos vivimos con la molestia día y noche de perros que ladran constantemente porque no existe ningún reglamento que obligue a los dueños a respetar el derecho de los demás de tener un nivel razonable de paz y tranquilidad.

Quisiera saber si San Pedro cuenta con normas para los niveles de decibeles permitidos de día y de noche, ¿de qué sirven si las normas no pueden aplicarse? ¿Si no hay sanciones, sin importar la fuente del ruido? ¿Si no hay multas? El hecho de que un perro sea mascota familiar es un evento privado únicamente en el grado en que no sobrepase la casa. Un perro suelto o un ruido que no permite que descansen los vecinos ya no es un fenómeno privado sino muy público.

Mientras los dueños no sean responsables ante la sociedad de la mala conducta pública de sus mascotas, son los perros los que sufren las consecuencias de la ineptitud mostrada. Son maltratados, envenenados, abandonados, o guardados en condiciones que constituyen maltrato, y así sólo se agrega agresividad a su comportamiento.

Pobre perro. Merece otro trato.